Tuesday, October 04, 2005

ESTADO, PATRIA Y NACIÓN


Los legisladores de la Transición alcanzaron un consenso acorde con los tiempos que se vivían … Hoy, en el mismo hemiciclo los parlamentarios de hoy deben demostrar que son capaces del consenso acorde con el Nuevo Mileno.

La Transición representó un aire renovado después de cuatro décadas de Franquismo. Hubo políticos de todas las tendencias y colores porque hubo cordura en los que llevaron el timón en aquellas aguas movidas. Pudo haber acabado aquel consenso cuando una minoría se pensó legitimada para cuestionar las decisiones de un gobierno elegido, intentando imponer un criterio de estrechas miras.

De aquella Transición y sus sobresaltos quedó una Constitución Española que va camino a tres décadas. No ha sido la única Carta Magna de este país, quedando atrás otra en el olvido. Me pregunto - ¿ Hay plazo de vigencia de un documento que debe conservar los derechos vigentes de los ciudadanos ?


Los parlamentarios legisladores han tenido en sus manos la formulación de leyes y cartas magnas pero las consecuencias las hemos vivido todos los ciudadanos.

No soy un legislador ni un lingüista y aunque estudioso de las materias que abarcan esas profesiones, no profeso conocimiento impecable de ninguna de éstas.

Por eso cuando leo o escucho a nuestros parlamentarios hablar de términos lingüísticos en materia de legislación, hay momentos que me pierdo en su parlamento, por llamarlo de alguna forma.

En estas últimas semanas, volvió a los foros de debate términos como – estado y nación. Parece lógico por todo el revuelo que se esta armando con las revisiones de los estatutos autonómicos, sobre todo el de Cataluña. No es algo nuevo ya que hace unos meses ya hubo una intentona desde el Gobierno de Euskadi en similar sentido. Supongo que es una tendencia lógica ante las aspiraciones de unos y de otros a mejorar sus competencias autonómicas y sus arcas territoriales.

Lo que ya me ha preocupado algo más es el hecho que haya oído otro término – patria – de boca de un militar, término que parecía reservado en estos tiempos para discursos del Jefe del Estado Español.

Me hace pensar si el juego de palabras – estado, patria y nación – esconde algún otro sentido que yo como ciudadano no me estoy enterando.

La confusión comienza cuando un partido conservador rechaza en Cataluña el término nación pero dice que no tendría inconveniente en admitir nacionalidad. Me pregunté acto seguido al oír esa noticia - ¿ Pero puede haber nacionalidad si primero no hay una nación ?

Después vemos como el partido de izquierdas que ostenta el Gobierno del Estado Español se enzarza en unas escaramuzas sobre el contenido del Estatut que parecen haber consensuado los partidos catalanes, con la excepción del Partido Popular. A simple vista, parecía un mero ejercicio de libertad de pensamiento y muestra de democracia en un partido pero mirándolo bien, parace que es algo más. Quizá sea un resurgir de la fuerza de los barones socialistas que se resisten a cambios que altere algo más que unas leyes. Quién sabe, igual tienen razón los que disienten.

Finalmente, volvemos a escuchar a no menos que el Presidente del PP y cabeza visible de la oposición refiriéndose a la lealtad a la Transición. Acto seguido, propone la reforma de la Constitución. ¿ Es coherente guardar lealtad a una etapa política pasada y promover el cambio de la Carta Magna que engendraron los ilustres legisladores de los años ’70 ?

Entretanto, se le plantea al máximo responsable de la JEMAD el asunto del Estatut y éste expresa su preocupación al tiempo que emplea el término – patria – para denotar la unidad de España.

Todos parecen interesados en opinar. Todos parecen tener intereses en el asunto de las reformas estatutarias que afectan a las Comunidades Autónomas. Unos parecen actuar en defensa de los derechos de sus comunidades, otros parecen preocupados por los intereses de sus partidarios y aún otros parecen interesados en hacer saber que están allí como colectivo que puede llegar a actuar si lo que sucede no les gusta.

No se quien tiene razón, aunque intuyo que ninguno tiene exclusividad sobre lo justo y correcto. Más bien pienso que todas las palabras vertidas sobre el tema serían mucho más útiles y productivas si se vertieran en un foro de trabajo parlamentario, como se hizo en 1977-1978. Entonces, políticos de distintos credos y colores pudieron limar sus diferencias y aunar criterios, hasta lograr la Constitución Española que tenemos hoy.

Quizá esa Carta Magna haya cumplido su propósito y es el momento para sentarse para examinar la realidad española del Siglo XXI, para conocer la problemática actual que ya no tenga cobertura dentro de nuestra Constitución.

Sería un buen ejercicio parlamentario que Sus Señorías demostraran a la ciudadanía sus dotes de oratoria y poder de convencimiento, al tiempo que expresen sin tapujos los verdaderos motivos que les impulsa a defender una u otra postura.

El Estatut que llega al Parlamento Español viene a recibir la revisión, aprobación o rechazo del los señores diputado. Esa es la función que cada uno de Sus Señorías debe ejercer, del modo que esta previsto por la Ley vigente.

Y que no me vengan diciendo que hablan por defender la unidad de España porque hoy por hoy, esa unidad esta garantizada en la figura de Su Majestad El Rey y los otros estamentos del Estado que a mi juicio ejercen sus funciones satisfactoriamente. Así que los políticos cumplan con la suya, que es legislar.


Fernando Fuster-Fabra Fernández
Un ciudadano más de España